Dolce far niente.

Hoy regresé a mi casita después de pasar nueve horas en mi lugar de trabajo. Al llegar, abri mi laptop y me conecté, estuve en dos reuniones online y luego hice algunas pequeñas labores del hogar. Finalmente, puse música y tomé una ducha. Fue allí donde me di cuenta de todo lo que había hecho, de cuán largo había sido el día… y aun así, todavía era temprano.

El día había estado lleno de voces, pantallas, tareas y pensamientos cruzándose sin pausa.

Es necesario detenerse.

Distintas actividades ocupan gran parte de mis días. La semana pasa rápido y, aunque intento permanecer en el momento presente y sostengo rutinas que me ayudan a disfrutar lo cotidiano, a veces la vida avanza demasiado deprisa. Procuro hacer valioso cada instante; me detengo en las cosas pequeñas y sencillas que me hacen sonreír, valoro a las personas que se cruzan en mi camino y trato de que los detalles no se pierdan entre la velocidad y las exigencias de la rutina. 

Muchas veces dejo que mi mirada se pierda entre nubes y árboles, sin embargo a veces no es suficiente.

Hoy necesité detenerme. Sentarme sin ningún propósito. Sin mirar nada, sin sostener pensamientos, sin leer ni escuchar nada.

Solo silencio. Solo quietud. Solo estar y ser.

Cuando desperté de aquella especie de sueño consciente, todo tuvo sentido. Algo dentro de mí se había ordenado. 

Comprendí que cuando dejamos de llenar cada espacio con ruido y estímulos, el pensamiento se desnuda y la creatividad encuentra por dónde entrar y manifestarse. 


¿Y si, por un momento, te atreves a dejar de hacer… para volver a sentir? 


Emilu.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

La cocina en mi familia

Habla mi rutina en la cocina.