El amor se puso de pie.
Durante mi estancia en Venezuela, casi todos los días llegaba a la oficina de mi papá llena de emoción por saber que hablaríamos, y con la expectativa de descubrir qué traería su mente ese día. Un día me acerqué casi gritando: —¡Buongiorno, Pierino, amore mio! ¿come stai? ¿come ti senti? Él, calmado y apacible, sonrió y me dijo: —No te sientes, que quiero hacer algo… Mientras le preguntaba qué quería hacer, comenzó a levantarse de la pequeña motocicleta o scooter eléctrico que lo ayuda a desplazarse de un lugar a otro. A sus 94 años, mi papá sufre de artrosis severa y caminar le resulta casi imposible. Cambiar de la scooter a su silla de ruedas o a la cama supone un gran esfuerzo. Sin embargo, esas limitaciones no lo detienen cuando se propone hacer algo. Y ese día, su propósito era abrazarme, esta vez estando ambos de pie. Lo miré con asombro y temor de que pudiera hacerse daño. Mientras tanto, no podía contener mis lágrimas. Él continuó levantándose con un esfuerzo increíble, ...